"Is There Anybody Out There?" no es solo otro blog de música; es una expedición arqueológica sonora que desentierra tesoros musicales sepultados por el tiempo y el olvido. Con la pasión de un detective y el corazón de un poeta, el señor X se sumerge en las profundidades de álbumes que, aunque fundamentales, han sido injustamente relegados a las sombras de la historia musical prometiendo sacudir el polvo de esos vinilos olvidados. Cada entrada es una odisea que nos lleva de vuelta al momento en que estos discos vieron la luz, desentrañando las circunstancias que los vieron nacer y el eco que dejaron en el mundo. El blog no se conforma con reseñas superficiales. Aquí, la música se disecciona con el cuidado de un cirujano y se analiza con la minuciosidad de un científico. Pero no te equivoques, no es un ejercicio frío y académico. El señor X inyecta en cada palabra la pasión de un fan y la narrativa cautivadora de un contador de historias. "Is There Anybody Out There?" es más que un nombre; es un grito de guerra, un llamado a todos los amantes de la música a unirse en esta cruzada por redescubrir las joyas perdidas del panorama musical. Es una invitación a abrir los oídos y la mente, a sumergirse en sonidos que quizás pasamos por alto la primera vez, pero que merecen una segunda, tercera y enésima escucha. En un mundo saturado de listas de reproducción algorítmicas y éxitos prefabricados, este blog se erige como un faro para aquellos que buscan algo más profundo, más auténtico. Es un recordatorio de que detrás de cada disco hay una historia esperando ser contada, una pieza del rompecabezas cultural que merece ser encajada. Así que, si alguna vez te has preguntado si hay alguien más ahí fuera que aprecia la música como tú, que busca significado en cada nota y poesía en cada acorde, la respuesta es un rotundo sí. Y ese alguien te está esperando en "Is There Anybody Out There?", listo para embarcarse contigo en un viaje musical que promete ser tan emocionante como revelador.

domingo, 15 de marzo de 2026

ESPECIAL 15 DE MARZO 2026 "El Último De La Fila – Enemigos De Lo Ajeno 1986"

Hay discos que se escuchan. Y hay discos que se viven.

Enemigos de lo Ajeno, de El Último de la Fila, pertenece sin duda a la segunda categoría.

Cuando uno vuelve a Enemigos de lo Ajeno siente algo raro, como si se encontrara una vieja libreta en el cajón de la cocina. No es nostalgia vacía: es memoria viva. Ese disco de El Último de la Fila no nació con la intención de ser clásico; nació de la necesidad. De dos tipos —Manolo García y Quimi Portet— que venían de tocar donde podían, de proyectos que no funcionaron, de noches de carretera en las que uno empieza a preguntarse si merece la pena seguir.

No eran estrellas ni querían serlo. Venían de Los Burros, que no terminó de despegar, y en una España que todavía estaba aprendiendo a mirarse al espejo sin miedo, ellos parecían fuera de lugar. No eran modernos como los de Radio Futura ni teatrales como Alaska y Dinarama. Tampoco eran rock urbano. Eran otra cosa. Gente que escribía canciones como quien escribe cartas que nunca se atreve a enviar.

Muchas letras de ese disco nacieron en servilletas, en cuadernos pequeños, en estaciones de tren. Manolo tenía la costumbre de apuntar frases sueltas que le venían de golpe: recuerdos de infancia, sueños absurdos, frases oídas en un bar. Luego Quimi las miraba con su ironía tranquila, y entre los dos las convertían en canciones que parecían raras pero que, cuando las escuchabas bien, hablaban exactamente de tu vida.

1 Lejos De Las Leyes De Los Hombres

2 Insurreccion

3 Mi Patria En Mis Zapatos

4 Aviones Plateados

5 Zorro Veloz

6 Las Palabras Son Cansancio

7 Soy Un Accidente

8 Los Angeles No Tienen Helices

9 No Me Acostumbro

10 ¿Para Que Sirve Una Hormiga?

11 ¿Quién Eres Tú?

La primera vez que suena Insurrección no parece un himno. Parece una confesión. La discográfica dudó de ella; no sonaba comercial, no tenía estribillo fácil. Pero empezó a pasar algo precioso: la gente la pedía en conciertos pequeños, en salas medio vacías donde apenas había humo y un par de cervezas. La canción creció sola, como crecen las cosas verdaderas.

Con Aviones Plateados ocurrió algo parecido. Nadie sabía explicar por qué emocionaba tanto. Quizá porque hablaba de sueños que pasan por encima de nosotros sin detenerse, como esos momentos de la vida que no supimos vivir bien. O porque Manolo cantaba como quien recuerda a alguien que ya no está.

Quimi, por su parte, buscaba un sonido imperfecto. Repetía guitarras una y otra vez hasta que sonaran humanas, torcidas, casi frágiles. No quería un disco brillante; quería un disco que pareciera tocado en una habitación con las ventanas abiertas. Y eso hizo que el álbum envejeciera de una forma preciosa. Hoy no suena antiguo: suena sincero.

Al principio no hubo éxito inmediato. Tocaban en sitios pequeños, a veces con más sillas que público. Pero quienes iban se llevaban algo dentro. La música corría de boca en boca, como los secretos importantes. Poco a poco, aquel disco se convirtió en refugio para mucha gente que no encontraba su sitio.


Y ahí está su impacto real. No solo influyó en bandas posteriores como Extremoduro, Marea o Fito & Fitipaldis, que heredaron esa mezcla de poesía cotidiana y rock con alma. También cambió la forma de escribir canciones en español. Demostró que se podía hablar de fragilidad, de miedo, de amor torpe, sin perder dignidad ni fuerza. Que el rock podía ser íntimo.

Años después, alguien se acercó a Manolo García tras un concierto y le dijo algo sencillo: “Vuestras canciones me hicieron sentir menos solo”. Esa frase resume todo. Porque Enemigos de lo Ajeno no fue solo un disco importante; fue compañía. Fue una conversación nocturna entre desconocidos que, sin saberlo, compartían la misma tristeza y la misma esperanza.

Y por eso, cuando hoy vuelve a sonar, uno siente que esas canciones no hablan del pasado. Hablan de nosotros. De la gente que ama mal, que sueña demasiado, que sigue adelante aunque no tenga claro el camino. Como ellos dos cuando lo grabaron, sin saber que estaban construyendo un lugar al que muchos volveríamos para sentirnos un poco más humanos.


GIRA

Cuando Enemigos de lo Ajeno empezó a circular por las tiendas, la historia de la gira de El Último de la Fila no comenzó con grandes titulares ni con pabellones llenos. Empezó de una manera mucho más sencilla: furgonetas, carreteras largas y salas pequeñas donde el escenario apenas se levantaba unos centímetros del suelo.

Manolo García y Quimi Portet subían al escenario con una mezcla curiosa de ilusión y desconfianza. No sabían muy bien qué iba a pasar con aquellas canciones. El disco estaba gustando, sí, pero todavía no era el fenómeno que terminaría siendo. Así que tocaban como si cada concierto fuera una oportunidad que había que defender desde la primera nota.

Los primeros shows tenían algo muy especial. El público estaba cerca, tan cerca que se podían ver las caras perfectamente. No había distancia entre el escenario y la gente. Manolo cantaba con esa intensidad suya, a veces casi como si estuviera contando un secreto, y Quimi sostenía todo con la guitarra, tranquilo, observando. Entre canción y canción aparecían comentarios improvisados, bromas, frases medio poéticas que salían sin pensarlo demasiado.

Poco a poco empezó a suceder algo curioso. Algunas canciones comenzaron a pertenecer también al público. Cuando sonaban los primeros acordes de Insurrección, la gente reaccionaba de inmediato. Al principio eran unos pocos los que cantaban, luego eran muchos más, y en algunos conciertos ya parecía que toda la sala conocía la letra. Nadie había planeado que esa canción se convirtiera en un himno; simplemente fue pasando, noche tras noche.

Con Aviones Plateados el ambiente era distinto. El ruido bajaba, el público escuchaba con una atención casi extraña para un concierto de rock. Había momentos en los que parecía que la sala entera contenía la respiración. Cuando terminaba, el aplauso no era solo entusiasmo: era también una especie de agradecimiento silencioso.

La gira fue creciendo sin hacer demasiado ruido. Primero salas algo más grandes, luego teatros, después recintos donde ya empezaba a reunirse mucha más gente. Pero lo curioso es que el espíritu no cambió demasiado. No aparecieron grandes decorados ni espectáculos exagerados. La sensación seguía siendo la misma: un grupo tocando canciones que parecían escritas para la gente que estaba allí.

Las noches de carretera también formaban parte de la historia. Kilómetros entre ciudad y ciudad, conversaciones largas, cansancio, risas, y esa sensación de estar viviendo algo que todavía no se entendía del todo. Nadie hablaba de “éxito histórico”. Solo sabían que cada concierto era mejor que el anterior y que las canciones estaban llegando a la gente de una forma muy profunda.

Con el paso de los meses quedó claro que algo importante estaba ocurriendo. El grupo que había empezado tocando para unos cuantos curiosos se estaba convirtiendo en una referencia para toda una generación. Pero lo más bonito es que ese crecimiento no fue repentino ni artificial. Fue lento, natural, construido concierto a concierto.

Y quizá por eso quienes vivieron aquella gira la recuerdan con tanto cariño. Porque no fue simplemente una serie de actuaciones para promocionar un disco. Fue el momento en que unas canciones comenzaron a formar parte de la vida de mucha gente. No solo se escuchaban en casa o en la radio: se cantaban juntos, en la oscuridad de una sala, sintiendo que hablaban de algo muy propio.

Al final, la gira de Enemigos de lo Ajeno terminó siendo mucho más que una etapa de conciertos. Fue el instante en que un grupo encontró a su público… y el público encontró unas canciones que ya no iba a olvidar.

BOOTLEG

El Último De La Fila - En Directo, Studio 54, 05-06-86


El 5 de junio de 1986, en la sala Studio 54 de Barcelona, ocurrió uno de esos conciertos que con el tiempo terminan teniendo un aura especial. Aquella noche El Último de la Fila estaba todavía en ese punto delicado entre promesa y realidad. El disco Enemigos de lo Ajeno acababa de salir y las canciones empezaban a caminar solas, pero nadie imaginaba aún hasta dónde llegarían.

La sala no era enorme, pero tenía ese ambiente eléctrico que solo tienen los lugares donde el público está cerca del escenario. El humo, las luces algo crudas, el murmullo antes de empezar… y de repente aparecen Manolo García y Quimi Portet con la banda. No hay grandes ceremonias. Simplemente empiezan a tocar.

Desde los primeros minutos se nota algo muy particular en el ambiente. El grupo todavía no es una institución del rock español, pero las canciones ya están haciendo efecto. Manolo canta con esa intensidad casi nerviosa que tenía en aquellos años: se mueve mucho, gesticula, parece vivir cada frase como si la estuviera inventando en ese mismo instante. No es una voz perfecta, pero tiene algo que atrapa. Algo que hace que el público le crea.

Quimi, en cambio, es todo lo contrario. Más quieto, más irónico, sosteniendo las canciones desde la guitarra con una calma que equilibra la energía de Manolo. Esa combinación era una de las claves del grupo: uno parecía fuego y el otro madera que lo mantiene ardiendo.

Cuando llega Insurrección, la sala cambia. No es todavía el himno masivo que sería después, pero ya se percibe que la canción tiene algo especial. Parte del público canta, otros escuchan con atención, y al terminar se produce ese aplauso largo que aparece cuando la gente sabe que ha pasado algo importante.

También hay momentos más íntimos. Con Aviones Plateados el ambiente se vuelve casi contemplativo. Las guitarras suenan más abiertas, la voz de Manolo parece quebrarse un poco en algunos versos y la sala se queda en silencio. Es uno de esos instantes en los que un concierto deja de ser simplemente música en directo y se convierte en una emoción compartida.

El sonido del directo tiene algo crudo, casi imperfecto, pero precisamente ahí está su encanto. No hay grandes producciones ni arreglos exagerados. Las canciones respiran. Se escuchan las guitarras con claridad, el pulso de la banda, el público reaccionando muy cerca. Es el retrato de un grupo en pleno crecimiento.

Lo que hace especial aquel concierto en Studio 54 no es solo la música. Es el momento histórico. El grupo todavía no es enorme, pero ya se siente que algo está empezando a moverse alrededor de ellos. Hay una energía de descubrimiento, como si tanto la banda como el público estuvieran entendiendo poco a poco que esas canciones iban a quedarse mucho tiempo.

Escuchar hoy ese directo es casi como abrir una ventana al instante exacto en que todo empezaba. No es el sonido de una banda consagrada; es el sonido de una banda encontrándose a sí misma frente a la gente.

Y por eso tiene tanto valor. Porque en ese escenario pequeño, una noche cualquiera de 1986, se puede escuchar el momento en que aquellas canciones dejaron de ser solo un disco… y empezaron a convertirse en parte de la historia del rock español.

La grabación del concierto de El Último de la Fila en la sala Studio 54 de Barcelona el 5 de junio de 1986 terminó editándose en una cassette muy limitada titulada En Directo Studio 54. Esa cinta la ofrecía la revista musical Ruta 66. No venía gratis dentro de la revista, pero se podía pedir a través de ella por correo (contra reembolso) por unas 550 pesetas, algo muy típico en los 80.

Además, la edición fue muy pequeña: solo unas 500 copias. Por eso hoy es casi una pieza de coleccionista entre seguidores del grupo.

La cinta tenía otra particularidad que la hace aún más interesante: no era una grabación retocada en estudio. Se grabó directamente desde la mesa de mezclas del concierto en una pletina Tascam por el técnico Toni Puig, y el grupo decidió dejarla prácticamente tal cual, con el sonido crudo del directo.

Eso hace que al escucharla se note mucho la atmósfera de aquella noche:

la voz de Manolo García muy presente, los teclados y la percusión claros, y las guitarras algo más atrás, exactamente como sonaron en la sala.

La cinta tampoco incluía el concierto completo, aunque el repertorio era largo y bastante representativo de la etapa inicial del grupo: canciones como Aviones Plateados, Querida Milagros o Insurrección ya estaban ahí, en un momento en que el disco Enemigos de lo Ajeno apenas llevaba unas semanas circulando.

Muchos fans que la consiguieron entonces la recuerdan con cariño porque era como tener un recuerdo directo de aquel momento del grupo, cuando todavía estaban creciendo y tocaban con una intensidad muy especial. No era un producto comercial al uso: era más bien un documento de una noche concreta.

Y por eso hoy tiene ese aura casi mítica. No solo captura un concierto muy celebrado de la banda, sino también una época en la que descubrir música a veces significaba leer una revista, rellenar un cupón y esperar al cartero con una cinta de cassette.

Formato digital de la cassette "El Último de la Fila en Directo, studio 54 Barcelona 5 junio 1986". Grabación en cinta de la presentación en aquella sala del LP Enemigos de lo Ajeno, y que frecía la revista Ruta 66 por 550 pts a contra reembolso.

Grabado directamete de la mesa de mezclas DDA a Platina cassette Tascam, por Toni Puig.

De esta cinta original, solo existen 500 ejemplares (número muy usado por el grupo en sus ediciones limitadas). El concierto, a pesar de tener una calidad excelente, está incompleto.

Remasterizado por el SR.X

01. Grite

02. Portugal

03. Son cuatro dias

04. Ruta del sur

05. Mi novia se llamaba Ramon

06. No me acostumbro

07. Aviones plateados

08. A cualquiera puede sucederle

09. ¿Para que sirve una hormiga?

10. El loco de la calles

11. Las palabras son cansancio

12. Mi patria en mis zapatos

13. Lejos de las leyes de los hombres

14. Presentaciones

15. Los Angeles no tienen helices

16. Querida Milagros

17. Insurreccion

18. Huesos

19. Dulces sueños

COMPARTIR

sábado, 14 de febrero de 2026

ESPECIAL FEBRERO 2026 "Roger Waters Amused to Death (1992)"

Amused to Death – Roger Waters (1992)

La locura del sonido

Hay discos que no se escuchan: se atraviesan. Amused to Death es uno de ellos. No entra de golpe ni busca seducir con estribillos inmediatos; se instala despacio, como una conversación incómoda que empieza en voz baja y termina mirándote fijamente a los ojos. Roger Waters no quería hacer un álbum más después de Pink Floyd. Quería dejar constancia de algo que le dolía, que le indignaba y que, en el fondo, le daba miedo: la forma en que la humanidad aprende a mirar la violencia como entretenimiento.

Desde el primer segundo, con el sonido del televisor encendiéndose y apagándose, Waters nos coloca en el centro de su tesis: la guerra, el poder y la tragedia convertidas en espectáculo. El título, Amused to Death (“Divertidos hasta morir”), tomado del ensayo de Neil Postman, no es una metáfora elegante; es una acusación directa. Nos estamos riendo, distrayendo, consumiendo imágenes mientras el mundo se desangra en segundo plano.

Musicalmente, el disco es amplio y cinematográfico. No tiene prisa. Se apoya en guitarras limpias, atmósferas densas y silencios incómodos. Jeff Beck aparece como una especie de narrador emocional alterno: sus solos no presumen virtuosismo, lloran. Son lamentos eléctricos, casi humanos, que dicen lo que Waters no canta. Cada nota parece arrastrar cansancio, rabia y una tristeza vieja.

TEMAS:

The Ballad Of Bill Hubbard 4:19

What God Wants, Part I 6:00

Perfect Sense, Part I 4:16

Perfect Sense, Part II 2:50

The Bravery Of Being Out Of Range 4:43

Late Home Tonight, Part I 4:00

Late Home Tonight, Part II 2:13

Too Much Rope 5:47

What God Wants, Part II 3:41

What God Wants, Part III 4:08

Watching TV 6:07

Three Wishes 6:50

It's A Miracle 8:30

Amused To Death 9:06

“The Ballad of Bill Hubbard” abre el álbum como una herida histórica. La voz de un veterano de la Primera Guerra Mundial habla desde el pasado, y lo hace sin heroísmo. No hay gloria, solo memoria y eco. Desde ahí queda claro que este disco no romantiza la guerra; la expone como una maquinaria absurda que tritura personas y luego las olvida.

En “What God Wants”, Waters adopta el tono del poder cínico: Dios como excusa, la fe como moneda, la moral como arma. La canción es casi irónica, pero no graciosa; es amarga. Waters no grita, acusa con calma, como quien ya se cansó de discutir y simplemente enumera los hechos. Esa frialdad es lo que más incomoda.

“Perfect Sense” funciona como el corazón conceptual del álbum. La caída del mono del espacio no es solo un chiste negro: es la metáfora de la humanidad observándose a sí misma desde fuera y descubriendo que no ha aprendido nada. Aquí Waters se muestra casi paternal, decepcionado, preguntándose en qué momento perdimos la capacidad de distinguir entre progreso y destrucción.

Pero Amused to Death no es solo política y crítica social. Hay momentos profundamente humanos, casi íntimos. “Watching TV”, dedicada a Jean Charles de Menezes y a víctimas anónimas convertidas en noticia pasajera, es devastadora en su sencillez. Waters canta con una fragilidad poco habitual en él. No hay sarcasmo, solo dolor genuino. Es el momento en que el discurso se quiebra y aparece la persona detrás del mensaje.

Hacia el final, con “It’s a Miracle” y la canción que da nombre al álbum, el tono se vuelve casi apocalíptico. No porque Waters anuncie el fin del mundo, sino porque describe algo peor: la indiferencia. No morimos por una explosión, morimos distraídos, anestesiados, entretenidos. La risa como epitafio.

Humanizar Amused to Death es entender que no es un disco hecho desde la superioridad moral, sino desde la frustración. Roger Waters no se coloca fuera del problema; se incluye. Él también mira la televisión, él también consume, él también duda. Por eso el álbum no envejece: porque la pregunta sigue abierta. No es “¿quién tiene la culpa?”, sino “¿en qué momento dejamos de mirar con empatía?”.

Al terminar el disco no queda alivio. Queda silencio. Y en ese silencio aparece la verdadera fuerza de Amused to Death: no intenta darte respuestas, sino incomodarte lo suficiente como para que apagues la pantalla, aunque sea por un momento, y mires alrededor con otros ojos.


Algunas anécdotas del álbum

Una de las más comentadas tiene que ver con el sonido envolvente (QSound) que Waters utilizó en el disco. En 1992 era una tecnología bastante nueva y exigía una mezcla extremadamente precisa. Waters se obsesionó con ello: quería que los sonidos viajaran literalmente alrededor de la cabeza del oyente. Por eso hay perros ladrando “detrás” de ti, televisores que parecen venir desde otro cuarto y voces que te hablan al oído.

La anécdota es que muchos ingenieros pensaban que Waters estaba exagerando y perdiendo tiempo… hasta que se ponían los auriculares. Ahí entendían que el disco no estaba pensado para sonar “bonito”, sino para envolver y perturbar.

Otra historia interesante es la de Jeff Beck. Waters no le dio demasiadas indicaciones técnicas; simplemente le explicó el concepto del álbum y el clima emocional que buscaba. Beck grabó muchos de sus solos casi de forma improvisada. Waters quedó tan impactado que dejó tomas prácticamente crudas, sin pulir, porque sentía que ahí estaba la emoción real. Beck no “brilla”: sufre con la guitarra, y eso era justo lo que Waters quería.

¿Por qué no hubo gira en 1992–1993?

La razón principal fue una mezcla de limitaciones técnicas, desgaste personal y miedo al fracaso.

El álbum era casi imposible de reproducir en directo

Amused to Death depende muchísimo del QSound, de efectos espaciales y de sonidos pregrabados que en 1992 no podían reproducirse con fidelidad en un estadio o teatro. Waters sentía que llevarlo al escenario sin ese impacto sería traicionar el concepto.

Para él, este disco no era solo canciones: era una experiencia auditiva.

Waters estaba agotado emocionalmente

Venía de años muy tensos tras su salida de Pink Floyd, juicios legales, críticas constantes y comparaciones con la banda “sin él”. No estaba en un momento mental estable para exponerse a una gira larga, especialmente con un material tan oscuro y confrontacional.

Temor a la recepción del público

Waters sabía que Amused to Death no era un disco fácil. No tenía “hits” obvios ni momentos festivos. Él mismo admitió después que no estaba seguro de que el público quisiera pasar dos horas enfrentándose a un espejo tan incómodo.

En resumen: no hubo gira porque Waters no quería convertir ese disco en entretenimiento, lo cual es irónico y totalmente coherente con el mensaje del álbum.

Aunque no hubo gira oficial del álbum, las canciones no quedaron olvidadas.

Década de 2000

Waters empezó a rescatar temas como:

What God Wants, Part I

Perfect Sense (Part I & II)

The Bravery of Being Out of Range

Las tocó en giras como In the Flesh (1999–2002), donde el concepto político encajaba perfectamente.


Resumen de canciones de Amused to Death que sí se han tocado en directo

Canción Tocado en gira In the Flesh Existe registro oficial

What God Wants, Part I ✔️ Sí (DVD/Audio)

Perfect Sense (I & II) ✔️ Sí (DVD/Audio)

The Bravery of Being Out of Range ✔️ Sí (DVD/Audio)

It’s a Miracle ✔️ Sí (DVD/Audio)

Amused to Death ✔️ Sí (DVD/Audio)

BOOTLEG


Grabado en Sevilla (Spain) 1991, Lisboa (Portugal) 2006,  Portland 1999 (EEUU)


Amused to Death "LIVE"


01. What God Wants - part 1


02. Perfect Sense, Pt. 1 


03. Perfect Sense, Pt. 2 


04. The Bravery of Being Out of 


05. It’s a Miracle 


06. Amused to Death


COMPARTIR

jueves, 15 de enero de 2026

ESPECIAL ENERO 2026 "The Cure Disintegration 1989"

The Cure – Disintegration (1989): crónica de un corazón que se deshace lentamente.

Hay discos que no se escuchan: se habitan. Disintegration es uno de ellos. No entra de golpe, no busca el impacto inmediato ni la concesión fácil. Se desliza despacio, como una noche larga que sabes que va a recordarte cosas que preferirías tener dormidas. Cuando Robert Smith decidió llamarlo así, no estaba pensando solo en un proceso químico, sino en uno emocional: la lenta y dolorosa descomposición de los afectos, del tiempo, de la juventud y de la certeza de que nada permanece intacto.

Publicado en 1989, Disintegration llegó en un momento crucial para The Cure. Tras el éxito más luminoso y accesible de Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me, Smith sintió la necesidad casi física de volver a la penumbra. Cumplía treinta años y esa cifra le pesaba como una losa. Le aterraba la idea de convertirse en una caricatura pop de sí mismo. Así nació este álbum: como una reacción visceral, honesta y profundamente humana contra la superficialidad, incluso contra la suya propia.

Desde los primeros segundos queda claro que aquí no hay prisa. Los sintetizadores flotan, la batería de Boris Williams avanza con una cadencia hipnótica y el bajo de Simon Gallup —auténtica columna vertebral del disco— late como un corazón cansado pero obstinado. Disintegration no corre: se arrastra, se detiene, respira… y duele.

“Plainsong” abre el álbum como un amanecer frío. Es majestuosa, casi ceremonial. No necesita palabras inmediatas porque su misión es crear un estado de ánimo: el de alguien que mira atrás y comprende que algo esencial ya se ha perdido. Cuando Smith entra finalmente con su voz, suena frágil, suspendida, como si temiera romper el hechizo. No es una canción; es una puerta.

Luego llega “Pictures of You”, quizá uno de los grandes himnos emocionales de The Cure. Aquí la nostalgia no es un recuerdo bonito, sino una tortura. Las fotos no consuelan, hieren. Cada imagen es un recordatorio de lo que fue y ya no es. Smith canta con una mezcla devastadora de ternura y desesperación, como si abrazara un fantasma sabiendo que nunca responderá.

El álbum avanza como una montaña rusa emocional sin picos evidentes, pero con una intensidad constante que va calando. “Closedown” y “Last Dance” profundizan en el aislamiento y el miedo a la pérdida, mientras “Lovesong”, paradójicamente el tema más accesible y conocido, actúa como un espejismo. Es una declaración de amor sencilla y directa, pero incluso ahí hay una sombra: suena a promesa desesperada, a alguien que repite “te amaré siempre” porque teme que no sea suficiente.

“Fascination Street” introduce un pulso más físico, casi nocturno, con ese bajo envolvente que parece guiarte por una ciudad húmeda y decadente. Es sensual y oscura a la vez, como una confesión hecha a media voz en un callejón. En cambio, “Prayers for Rain” cae como una tormenta emocional: la rabia, la culpa y el deseo de expiación se mezclan en una atmósfera densa, casi asfixiante.

Uno de los momentos más humanos del disco llega con “The Same Deep Water as You”, una pieza larga, solemne, devastadora. Aquí la disolución ya no es metáfora: es aceptación. El amor se hunde y ambos saben que no hay salvación. La música se estira, se repite, insiste, como una mente atrapada en un pensamiento que no puede abandonar.

Hacia el final, “Disintegration” y “Homesick” funcionan como el núcleo emocional del álbum. La canción que da título al disco es amarga, casi cruel consigo misma. Smith canta como alguien que se observa romperse en tiempo real, consciente y sin posibilidad de frenar el proceso. Homesick, por su parte, es puro anhelo: no solo de un lugar, sino de un tiempo, de una versión de uno mismo que ya no existe.

El cierre con “Untitled” es especialmente significativo. No hay un gran final, no hay redención ni respuesta. Solo una sensación de cansancio emocional, de haber dicho todo lo que se podía decir. El disco termina como empezó: suspendido en el aire, dejando al oyente solo con sus pensamientos.

Disintegration no es un álbum para cualquier momento. Exige silencio, atención y cierta predisposición al desgarro. Pero cuando conecta, lo hace de una forma casi íntima, como si alguien hubiera escrito exactamente lo que tú nunca supiste expresar. No ofrece consuelo fácil, pero sí compañía. Y en eso reside su grandeza: en recordarnos que desintegrarse también es una forma profundamente humana de estar vivo.

Más que un clásico, Disintegration es un refugio para almas rotas. Un disco que no envejece porque habla de algo eterno: el miedo a perder, el dolor de amar y la certeza de que, al final, todo lo que somos es emoción intentando no desaparecer.




Durante la gestación de Disintegration hay una anécdota que con el tiempo se ha vuelto casi legendaria, no tanto por su espectacularidad como por lo simbólica que resulta para entender el espíritu del disco: el incendio en el estudio.

The Cure grababan gran parte del álbum en Outside Studios, en Hook End Manor, una antigua mansión inglesa cargada de historia… y de problemas. El ambiente era tenso desde el principio. Robert Smith estaba en un momento emocional frágil, obsesivo, trabajando jornadas interminables, persiguiendo un sonido denso y nocturno, mientras el resto del grupo se movía entre el agotamiento y la incertidumbre. No era una grabación cómoda ni feliz.

En medio de ese clima, se produjo un pequeño incendio en el estudio. No fue una catástrofe que arrasara con todo, pero sí lo bastante serio como para provocar humo, alarma y una interrupción total de las sesiones. Parte del equipo eléctrico se vio afectado y durante horas reinó el caos: técnicos apagando focos, instrumentos cubiertos a toda prisa y la sensación de que el proyecto podía literalmente “arder” antes de completarse.

Lo curioso es la reacción de Robert Smith. Lejos de entrar en pánico, interpretó el incidente casi como una señal. Años después contaría que el fuego le pareció una especie de metáfora brutal de lo que estaba ocurriendo con el disco y con él mismo: una obra construida desde la tensión, el exceso y el desgaste emocional, siempre al borde del colapso. Disintegration no solo hablaba de ruptura y decadencia; se estaba creando en medio de ellas.

El incendio también reforzó su determinación. Smith se negó a suavizar el álbum, a hacerlo más comercial o “seguro”. Si algo podía prender fuego en mitad del proceso, pensaba, era porque el disco estaba yendo exactamente donde debía ir. Esa sensación de peligro latente —de que todo podía venirse abajo en cualquier momento— se filtró en el sonido final: capas de sintetizadores densos, canciones largas, emociones sin filtrar.

Para el grupo, el episodio fue casi traumático. Algunos miembros veían la grabación como un pozo sin fondo, caro, oscuro y emocionalmente agotador. Para Smith, en cambio, el fuego fue una confirmación: Disintegration no debía ser cómodo, ni luminoso, ni fácil. Tenía que doler.

Con el tiempo, la anécdota del incendio se convirtió en parte del mito del álbum. No destruyó cintas maestras ni acabó con canciones, pero encendió definitivamente la conciencia de que estaban creando algo frágil, intenso y único. Como el propio disco, aquel fuego no arrasó: dejó cicatrices. Y esas cicatrices, de algún modo, siguen ardiendo cada vez que suenan sus canciones.



1 Plainsong 5:15
2 Pictures Of You 7:28
3 Closedown 4:21
4 Love Song 3:30
5 Last Dance 4:47
6 Lullaby 4:12
7 Fascination Street 5:16
8 Prayers For Rain 6:07
9 The Same Deep Water As You 9:22
10 Disintegration 8:23
11 Homesick 7:09
12 Untitled 6:30

Artwork [Art] – Parched Art
Bass, Keyboards – Simon Gallup
Drums – Boris Williams
Engineer [Assistant Engineer At Outside] – Richard Sullivan
Engineer [Assistant Engineer At Rak] – Roy Spong
Guitar [Guitars] – Porl Thompson
Instruments [Other Instrument] – Laurence Tolhurst
Keyboards – Roger O'Donnell
Music By – Williams*, Tolhurst*, Thompson*, Smith*, O'Donnell*, Gallup*
Producer [Produced By], Engineer [Engineered By] – David M. Allen, Robert Smith
Voice, Guitar, Keyboards – Robert Smith
Words By – Robert Smith



La gira de Disintegration (1989–1990): cuando The Cure se subió al escenario con el alma a la intemperie.


La gira de Disintegration no fue una celebración. Fue una prueba de resistencia. Un viaje largo, oscuro y emocionalmente agotador en el que The Cure llevaron al escenario un disco que no estaba pensado para entretener, sino para exponer heridas. Cada concierto era menos un espectáculo y más una confesión pública, repetida noche tras noche, ciudad tras ciudad.

Desde el principio quedó claro que aquello no iba a ser una gira al uso. Robert Smith ya había advertido que Disintegration sería “el último gran disco serio de The Cure”, una frase que sonaba a amenaza y a despedida. Y así se vivieron los conciertos: como si algo importante estuviera a punto de terminar, aunque nadie supiera exactamente qué.

Los shows eran largos, densos, casi rituales. La iluminación era mínima, deliberadamente sombría. No había pirotecnia emocional ni sonrisas de compromiso. Smith aparecía en escena con el rostro maquillado como siempre, pero más cansado, más encerrado en sí mismo. Cantaba muchas veces con los ojos cerrados, como si el público no estuviera allí o, peor aún, como si estuviera demasiado cerca.

Musicalmente, la gira fue imponente. Las canciones de Disintegration crecían en directo:

“Plainsong” abría los conciertos como una misa laica, con ese teclado inicial que parecía caer desde el techo del recinto.

“Pictures of You” se estiraba durante minutos, convertida en un lamento colectivo.

“Fascination Street” y “Prayers for Rain” sonaban más físicas, más opresivas, casi amenazantes.

Pero lo verdaderamente humano no estaba solo en la música, sino en lo que se percibía entre canción y canción. Smith hablaba poco. A veces nada. Cuando lo hacía, sus palabras eran secas, irónicas o directamente derrotadas. No intentaba conectar con el público: parecía aguantarse a sí mismo.

El contraste llegaba en los bises. Tras más de dos horas de oscuridad emocional, The Cure solían cerrar con temas más luminosos de otras épocas: “Just Like Heaven”, “In Between Days”, “Boys Don’t Cry”. Pero incluso ahí había algo extraño. Sonaban casi como recuerdos lejanos, como fotos amarillentas sacadas de un cajón. El público saltaba, sí, pero la banda —especialmente Smith— parecía tocar esas canciones con una mezcla de cariño y distancia, como quien visita una casa en la que ya no vive.

La gira fue agotadora psicológicamente. Smith bebía mucho, dormía poco y estaba obsesionado con que el sonido fuera perfecto. Cada concierto tenía que recrear esa atmósfera densa del disco, sin concesiones. La presión era enorme, y el propio líder del grupo empezó a sentirse atrapado por la criatura que había creado. Disintegration había conectado profundamente con el público, pero a costa de consumirlo por dentro.

En entrevistas posteriores, Smith reconocería que esa gira fue una de las más duras de su vida. No por problemas técnicos ni por falta de éxito —todo lo contrario—, sino porque cada noche tenía que volver a habitar emociones que no estaban resueltas: miedo al abandono, al paso del tiempo, a la pérdida del amor y de la identidad.

Y, sin embargo, el público lo entendió. Había algo casi terapéutico en esos conciertos. Miles de personas en silencio, balanceándose en la oscuridad, compartiendo una tristeza que no necesitaba explicación. No eran conciertos para gritar; eran conciertos para sentir. Para muchos fans, ver a The Cure en esa gira fue una experiencia transformadora, casi íntima, pese a los grandes recintos.

Cuando la gira terminó en 1990, Smith estaba exhausto y convencido de que no podría volver a hacer algo así. Y quizá por eso Disintegration ocupa un lugar tan especial en la historia del grupo: no solo como obra maestra de estudio, sino como un acto de honestidad llevado al límite en directo.

Aquella gira no buscó complacer. Buscó sobrevivir. Y en ese intento dejó algunos de los conciertos más intensos, humanos y emocionalmente desnudos que The Cure haya ofrecido jamás. No fue una despedida, pero sí un punto de no retorno: después de Disintegration, tanto la banda como su público ya sabían que habían compartido algo irrepetible.

BOOTLEGS

The Cure Disintegration Live



1. «Plainsong» 
2. «Pictures of You» 
3. «Closedown» 
4. «Lovesong» 
5. «Last Dance» 
6. «Lullaby» 
7. «Fascination Street» 
8. «Prayers For Rain» 
9. «The Same Deep Water As You» 
10. «Disintegration» 
11. «Homesick» 
12. «Untitled»  

COMPARTIR


The Cure - Rare Disintegration Sessions



The Cure - Disintegration Rare Sessions - Unreleased Demos

Delirious Night (Extended Version)
Lullaby (RS3 Arched - RS Home Demo)
Fear Of Ghosts (Roger's Home Demo)
Babble (Studio Demo)
Noheart (Alternate Version)
Pictures Of You (XP - RS Home Demo)
Prayers For Rain (Studio Demo)
Esten (Extended Version)
Lullaby (Studio Demo)

Todas las canciones son instrumentales y son inéditas.
Estas no son las versiones que aparecen en la edición de lujo.

domingo, 14 de diciembre de 2025

ESPECIAL DICIEMBRE 2025 Supertramp "Brother Where You Bound 1985 "

Brother Where You Bound (1985) – Supertramp

La Edad de la Desconfianza

Tras la marcha de Roger Hodgson en 1983, muchos consideraban que Supertramp no podría sobrevivir sin una de sus dos voces y plumas principales. Brother Where You Bound fue la respuesta del grupo a ese desafío, un álbum que no solo demostró que podían reinventarse, sino que también ofreció una obra inusualmente ambiciosa para la década de los 80, cuando el rock progresivo clásico estaba en retroceso.

Lo que Supertramp produjo aquí fue una mezcla audaz de rock progresivo, crítica política, experimentación sonora y un sentido de continuidad conceptual que contrastaba fuertemente con los trabajos más pop de principios de los 80.

El disco fue grabado con gran detalle técnico. Su sonido es limpio, amplio y meticuloso, con especial atención a:

La batería precisa y nítida de Bob Siebenberg

El bajo profundo y presente de Dougie Thompson

El piano y sintetizadores cristalinos de Rick Davies

Un uso más agresivo de guitarras, con invitados como David Gilmour

La producción, propia de mediados de los 80, emplea mucho procesamiento digital, reverbs amplias y una mezcla muy definida, pero evita caer en el exceso plástico típico de aquella década. El álbum conserva una calidez y naturalidad instrumental que muchos discos de 1985 habían perdido.

Brother Where You Bound es quizá el álbum más político de Supertramp. Mientras que Hodgson aportaba lo espiritual, lo introspectivo y lo soñador, Rick Davies canaliza aquí un discurso más áspero y filosófico.

El disco reflexiona sobre:

La manipulación ideológica

Los sistemas de poder

La tensión nuclear aún viva en los últimos años de la Guerra Fría

La alienación en la era moderna

El tono es oscuro, intelectual y pesimista; muy distinto del optimismo melódico de Breakfast in America.

TEMAS

1. “Cannonball”

El single del álbum, aunque engañoso: es la canción más accesible, con un groove circular y un mantra rítmico casi hipnótico.

El bajo es protagonista, y la estructura repetitiva recuerda al krautrock o a los jams jazz-rock del grupo en sus primeros años.

Davies canta con ironía, criticando la presión interna y externa que sufre una banda y un individuo.

El solo de saxofón y los teclados brillan, y aunque la canción es larga, nunca pierde fluidez.

Un inicio sólido pero no representativo del verdadero corazón del álbum.


2. “Still in Love”

Una pieza más ligera, con aires jazzy y un toque melancólico.

Aquí se siente la falta de Hodgson: su voz habría aportado contraste.

No obstante, Davies logra una canción elegante y atmosférica, casi cinematográfica, aunque menos memorable que las otras.


3. “No Inbetween”

Un tema subestimado: introspectivo, melódico, con un gran trabajo de teclado y un tono emocional sincero.

El estribillo es sutil, no explosivo, pero perdura. Hace de puente perfecto hacia el bloque progresivo del final.


4. “Better Days”

Aquí el álbum empieza a tomar un tono más oscuro.

La producción se vuelve más experimental, con samples, voces procesadas y un ambiente paranoico que refleja el tema:

la manipulación mediática y política.

Es satírico y amargo, con un ritmo insistente. Algunos oyentes lo encuentran algo caótico; otros, profético. En cualquier caso, prepara perfectamente al oyente para la pieza central del álbum.


5. “Brother Where You Bound” (la suite de 16 minutos)

El corazón del disco.

Aquí Supertramp demuestra de lo que es capaz cuando abandona cualquier intento de complacer a la radio y se lanza de lleno a lo progresivo.

Elementos destacables:

Guitarra de David Gilmour, creando un sonido inconfundible y elegante

Pasajes instrumentales extensos, de gran factura

Recitaciones políticas, efectos de sonido, radiofónicos, discursos reales

Un crescendo dramático que recuerda a Crime of the Century

Arreglos de teclado densos y envolventes

Un tono épico y cinematográfico

La suite narra, de forma metafórica, la escalada y absurdidad de los conflictos ideológicos. Representa una reflexión amarga sobre la humanidad dividida, con un subrayado sarcástico: "¿Hermano, a dónde te diriges?"

Es una de las piezas más maduras y arriesgadas del catálogo de Supertramp.

6."Even open Door"

Función y atmósfera: sirve como un respiro melódico y conciliador tras la intensidad temática y sonora del bloque central (especialmente después de la suite “Brother Where You Bound”). En lugar de prolongar la tensión política del disco, la canción baja el tempo emocional y ofrece una melodía más directa y compacta, casi como un epílogo.

La ausencia de Roger Hodgson

Este álbum es, en cierto modo, una afirmación de Rick Davies, que siempre había vivido a la sombra del brillo pop de Hodgson.

Davies demuestra aquí que:

Puede sostener un álbum entero él solo

Tiene una visión más profunda y oscura, pero igual de válida

Su composición es compleja y sofisticada

Al mismo tiempo, se siente que el equilibrio clásico del dúo se ha perdido. Brother Where You Bound es coherente pero menos variado, muy centrado en las obsesiones temáticas y estéticas de Davies.

Brother Where You Bound es uno de los álbumes más valientes y mejor envejecidos de Supertramp.

No busca repetir fórmulas comerciales ni explotar glorias pasadas. En su lugar, entrega:

Un sonido maduro y contundente

Conceptos políticos profundos

Un retorno elegante al progresivo

Una producción impecable

Un cierre épico que justifica todo el álbum

No es un disco para oídos casuales; requiere atención y paciencia. Pero para fans del rock progresivo y de la discografía más seria de Supertramp, es una obra esencial.

En definitiva, Brother Where You Bound es:

El mejor álbum de Supertramp de la era pos-Hodgson

Una joya oculta del rock progresivo ochentero

Una declaración artística madura, arriesgada y sorprendentemente vigente

Es un disco que no se limita a sobrevivir a la pérdida de un miembro clave, sino que redefine el rumbo de la banda con una integridad admirable.

La gira de Brother Where You Bound (1985–1986) es una de las menos recordadas pero más interesantes de Supertramp, porque fue la primera que la banda realizó sin Roger Hodgson, y porque mostró una versión más dura, técnica y “progresiva” del grupo, muy en sintonía con el tono del álbum.

Tras la salida de Hodgson en 1983, Supertramp quedó en una encrucijada. Brother Where You Bound fue el intento de demostrar que podían seguir adelante con:

Rick Davies como único líder vocal y compositor principal

Un sonido más eléctrico y oscuro

Una banda reforzada para defender en directo una suite de 16 minutos

La gira, por tanto, era más que una promoción: era una declaración de supervivencia.

La banda en esa gira

Formación base:

Rick Davies – voz, teclados

John Helliwell – saxos, clarinetes, teclados, voz secundaria

Bob Siebenberg – batería

Dougie Thompson – bajo

Marty Walsh – guitarras (sustituyendo a Roger Hodgson en la parte instrumental)

Carl Verheyen – guitarras, añadido para reforzar los pasajes más complejos

Mark Hart – guitarras, voces y teclados (pieza clave: hacía coros y partes que normalmente hacía Hodgson)

La presencia de dos guitarristas adicionales fue fundamental para:

Cubrir las capas de sintetizadores y guitarras del álbum

Reinterpretar fielmente los temas clásicos de la era Hodgson

Ejecutar Brother Where You Bound en directo sin perder densidad

La gira se extendió principalmente por:

Norteamérica (EEUU y Canadá)

Europa, con bastantes fechas en Francia, Alemania y Reino Unido

Algunos conciertos en Australia

Fue una gira grande, de arenas, pero menos masiva que las de Breakfast in America o …Famous Last Words….


El setlist combinaba:

Del álbum Brother Where You Bound (1985):

Cannonball (muy potente en directo, con jam extendida)

Better Days

Brother Where You Bound (interpretada casi completa: uno de los momentos más progresivos de la banda en directo desde los 70)

Clásicos de la época Hodgson, reinterpretados:

Dreamer

Give a Little Bit (a veces)

The Logical Song

Breakfast in America

School

Bloody Well Right

Goodbye Stranger

Mark Hart asumió las voces “Hodgson” con sorprendente fidelidad, aunque evitaban hacer demasiados temas suyos para no enfatizar la comparación.

Temas de Davies de otras épocas:

Crime of the Century

Rudy

Ain’t Nobody but Me

From Now On


Esta gira tenía un aire más serio, tecnológico y oscuro que las anteriores:

Pantallas con imágenes políticas, discursos y gráficos de tensión nuclear

Un enfoque más instrumental

Un sonido más duro y menos alegre que el habitual de la banda

Fue uno de los tours más elaborados visualmente de Supertramp, aunque no tan teatral como Crime of the Century.


La crítica recibió la gira con sorpresa:

Supertramp sonaba más progresivo, más adulto y más técnico.

No obstante, una parte del público echó de menos la presencia y el contraste vocal de Hodgson, especialmente en las canciones más emblemáticas.

Aun así:

Musicalmente fue un tour muy sólido

Rick Davies mostró un control absoluto

La banda estaba en gran forma, especialmente el tándem Walsh–Verheyen

Muchos fans consideran esta gira como la última gran época en directo de Supertramp.


BOOTLEGS:

Supertramp - Palacio De Deportes, Madrid, Spain 28 Jan 1986


Supertramp

Venue: Palacio De Deportes, Madrid, Spain

Date: 28 Jan 1986

Source: Audience


Disc 1  56min

1 intro

2 Better Days

3 Still In Love

4 Put On Your Old Brown Shoes

5 Bloody Well Right

6 From Now On

7 Cannonball

8 Rudy

9 Asylum


Disc 2  55min

1 Ain't Nobody But Me

2 No Inbetween

3 Brother Where You Bound

4 Just Another Nervous Wreck

5 Goodbye Stranger

6 I'm Your Hoochie Coochie Man

7 I Just Want To Make Love To You

8 Crime Of The Century 


Rick Davies - Piano, Keyboards & Vocals 

Bob Siebenberg - Drums 

John A. Helliwell - Sax, Keyboards & Vocals 

Dougie Thomson - Bass 

Mark Hart - Organ, Synthesizers & Vocals 

Scott Page - Sax 

Marty Walsh - Guitars 

Carl Verheyen - Guitars 

COMPARTIR


Supertramp Dallas 1985

Supertramp Live at the Convention Center Arena, 10th Nov, 1985, Dallas, U.S.A

FM SBD 

SETLIST:

1.Still in love

2. Bloody well right 

3.From now on  

4.Rudy

5.Cannonball

6.Asylum

7.Band Guest Musicians Introduction/Ain't nobody but me

8.Goodbye stranger

9.Band Introduction/I just wanna make love to you

10.Better days

11.Crime of the century


THE BAND:


Rick Davies: Lead Vocals, Keyboards, Piano And Harmonica

John Helliwell: Saxophones, Backing Vocals, Woodwinds and Master of Cerremonies

Dougie Thompson: Bass, Backing Vocals

Bob Siebenberg: Drums and Percussion

Mark Hart: Keyboards, Guitars, Backing Vocals

Carl Verheyen: Guitars

Martin Walsh: Guitars

SUPERTRAMP - INDIANA UNIVERSITY 1985




SUPERTRAMP - INDIANA UNIVERSITY, BLOOMINGTON, IN - october 2, 1985 

TRACKLIST:

Better Days

Still In Love

Put On Your Old Brown Shoes

Bloody Well Right

From Now On

Cannonball // (tape flip...no music missing)

No Inbetween

Rudy

Asylum

Ain't Nobody But Me

Brother Where You Bound


Band Members:

Rick Davies – vocals, keyboards, harmonica

Dougie Thomson – bass, backing vocals

Bob Siebenberg – drums, percussion

John Helliwell – vocals, woodwinds, keyboards, synthesizers, saxophones

Scott Page – woodwinds, guitar, backing vocals

Marty Walsh – guitars, backing vocals

Mark Hart – vocals, keyboards, guitar

Carl Verheyen – guitars, percussion, backing vocals

COMPARTIR

La gira de Brother Where You Bound fue:

Un renacimiento para Supertramp

La prueba de que podían sonar grandes sin Hodgson

Su último gran momento progresivo

Un tour técnicamente brillante, musicalmente cohesionado y estéticamente muy marcado por la tensión política de los 80.

Como regalo, aquí os dejo una version remasterizada del tema "Brother Where You Bound" en Directo.

Brother Where You Bound Live

sábado, 15 de noviembre de 2025

ESPECIAL NOVIEMBRE 2025 Robert Plant "Mighty ReArranger 2005"

Robert Plant – Mighty ReArranger (2005)
El viaje interior de un viejo chamán del rock


Hay artistas que envejecen con sus discos, y otros que los usan para desafiar al tiempo. Robert Plant pertenece a este segundo grupo. En Mighty ReArranger, publicado en 2005 junto a su banda The Strange Sensation, Plant no intenta ser el dios dorado de los setenta. Aquí no hay dragones, ni guitarras que rugen como tormentas. Lo que hay es un hombre maduro, curioso, inquieto, que mira al mundo con asombro y duda a partes iguales.

Desde el primer acorde de “Another Tribe”, se nota que el viaje será distinto. La percusión suena como arena golpeando una tienda en medio del desierto, mientras la voz de Plant flota entre guitarras que parecen venidas del Magreb. El rock, el blues y el misticismo árabe se funden en algo vivo, respirante. No hay artificio: todo vibra.

Plant suena cómodo en su piel. Ya no grita para dominar la canción; la acaricia, la susurra, la deja respirar. En “Shine It All Around”, probablemente el tema más accesible del disco, brilla una energía positiva, casi espiritual. Es como si el viejo viajero hubiera encontrado un punto de equilibrio entre la pasión y la serenidad.

El título, Mighty ReArranger, alude a una fuerza invisible que reordena el destino. Plant reflexiona sobre el caos del mundo moderno, las guerras, la religión, la identidad… pero lo hace sin sermonear. Habla desde la duda, no desde la certeza. En “The Enchanter”, el hechicero no es un ser místico, sino el propio músico, invocando el poder de la música para entender el mundo.

Luego llega “Tin Pan Valley”, uno de los momentos más intensos del álbum. Allí Plant lanza dardos contra el circo del rock y su propio pasado:

“And if you feel the blues, well you can get that too.”

Canta con ironía, consciente de que el público sigue esperando al antiguo Plant, al rubio de melena leonina que gritaba “Whole Lotta Love”. Pero ese ya no está aquí. El que canta ahora es un hombre que ha visto el mundo, que ha entendido que la furia también puede ser silenciosa.

Mighty ReArranger suena a viaje: por el desierto, por la memoria, por la espiritualidad. “All the King’s Horses” baja las pulsaciones y muestra el lado más íntimo de Plant. Es una canción sencilla, cálida, con una voz que abraza más que conquista. En “Takamba”, la influencia africana y los ritmos tribales se apoderan del sonido, y parece que Plant sonríe mientras canta. Hay gozo en su búsqueda.

El cierre con “Brother Ray” es puro símbolo: un blues espectral que suena a despedida y renacimiento al mismo tiempo. El eco de Ray Charles se mezcla con el de un chamán del rock que, después de tanto camino, parece haber encontrado su propia fe en la música.

El mérito de este disco no es solo de Plant. Su banda, The Strange Sensation, es el alma que da forma a las visiones del cantante. Justin Adams y John Baggott, expertos en sonidos árabes y texturas electrónicas, crean paisajes llenos de matices, donde conviven loops, darbukas, órganos y guitarras con slide. Todo encaja sin esfuerzo. Es un sonido moderno, pero con raíces; un puente entre lo ancestral y lo digital.

Cuando salió, muchos críticos lo llamaron “el mejor disco de Plant desde los ochenta”. Pero Mighty ReArranger es más que eso: es el punto donde Robert Plant se reconcilia consigo mismo. Después de décadas intentando escapar de su sombra zeppeliana, aquí logra lo que parecía imposible: ser libre.

Y esa libertad se nota en cada acorde, en cada respiración, en cada silencio.

Escuchar Mighty ReArranger hoy es como abrir un diario espiritual. No es un álbum que se consuma rápido; es uno que te acompaña. Con cada escucha, aparecen nuevos detalles, nuevas preguntas.

Robert Plant ya no ruge: medita. Ya no busca conquistar escenarios, sino almas.

Y quizá ahí esté su mayor triunfo: haberse convertido, sin quererlo, en el sabio que el rock necesitaba.

Lista de canciones

Todas las canciones escritas por Robert Plant, Justin Adams, John Baggott y Liam Tyson.

«Another Tribe» 3:17

«Shine It All Around» 4:03

«Freedom Fries» 2:53

«Tin Pan Valley» 3:47

«All the Kings Horses» 4:20

«The Enchanter» 5:27

«Takamba» 4:06

«Dancing in Heaven» 4:26

«Somebody Knocking» 3:47

«Let the Four Winds Blow» 4:52

«Mighty ReArranger» 4:25

«Brother Ray» 8:58

Pistas adicionales en remasterización de 2007

N.º Título Duración

«Red, White and Blue» 3:11

«All the Money in the World» 3:12

«Shine It All Around» (Girls remix) 7:35

«Tin Pan Valley» (Girls remix) 6:20

«The Enchanter» (reconstrucción de Unkle) 6:50


A diferencia del primer álbum grabado con Strange Sensation, Mighty ReArranger logró una positiva recepción en varios mercados mundiales. Por ejemplo, en el Reino Unido alcanzó el puesto 4 en los UK Albums Chart, siendo su primer disco desde Pictures at Eleven de 1982 en entrar en los top 5 de dicho conteo.

A los pocos días de su lanzamiento en su propio país se certificó con disco de plata por la BPI, luego de vender más de 60 000 copias. Por su parte, en los Estados Unidos llegó hasta la posición 22 de la lista Billboard 200 y sus ventas no son suficientes para obtener alguna certificación discográfica en mencionado país. En cuanto a su promoción, se pusieron a la venta dos canciones como sencillos, siendo «Shine It All Around» el único en entrar en la lista estadounidense Mainstream Rock Tracks en el puesto 18 y en el conteo inglés de sencillos en la casilla 32.

Al igual que su antecesor, en 2006 fue nominado en dos categorías de los premios Grammy; a la mejor interpretación vocal de rock solista por «Shine It All Around» y a la mejor interpretación de hard rock por «Tin Pan Valley».


La gira de Mighty ReArranger (2005–2006)
El renacer del viajero del rock

Cuando Robert Plant lanzó Mighty ReArranger en la primavera de 2005, no solo presentó un nuevo álbum: presentó una nueva visión de sí mismo. La gira que siguió —que se extendió entre abril de 2005 y finales de 2006— fue mucho más que una promoción del disco. Fue la confirmación de que Plant podía mirar al pasado con orgullo, pero seguir adelante con curiosidad y fuego creativo.

Una gira de espíritu global
El tour fue verdaderamente internacional:

Plant y The Strange Sensation recorrieron Europa, Norteamérica, Australia y Asia, ofreciendo conciertos en teatros, festivales y escenarios al aire libre donde el sonido pudiera respirar.

Entre los lugares más recordados figuran:

Glastonbury Festival (Reino Unido, junio de 2005) – un concierto vibrante y espiritual, con un Plant descalzo y radiante, que ofreció una de las actuaciones más celebradas del festival ese año.

Royal Albert Hall, Londres (diciembre de 2005) – un regreso majestuoso a casa, con una mezcla perfecta entre el Plant mítico y el Plant renovado.

Estados Unidos (verano 2005) – una serie de fechas en clubes y auditorios medianos, donde Plant apostó por la cercanía en lugar de la grandilocuencia.

También actuó en lugares menos habituales, como Europa del Este y Escandinavia, mostrando su voluntad de llegar a públicos diversos, lejos del circuito de nostalgia rockera.

La banda: The Strange Sensation en su apogeo

La formación de The Strange Sensation fue clave para el sonido y la energía del tour:

Justin Adams (guitarra, productor y motor creativo)

John Baggott (teclados, electrónica, loops)

Skin Tyson (guitarra rítmica)

Billy Fuller (bajo)

Clive Deamer (batería)

En directo, eran una máquina fluida y orgánica. No replicaban las canciones del álbum al pie de la letra, sino que las reinventaban cada noche. La mezcla de percusiones tribales, guitarras desérticas y pasajes psicodélicos creaba una atmósfera casi ritual.

Plant no lideraba como una estrella: se integraba como un miembro más del grupo, guiado por la música.

El repertorio: equilibrio entre presente y pasado

El setlist era una declaración de principios. Aproximadamente la mitad del concierto la ocupaban temas de Mighty ReArranger, interpretados con intensidad y frescura:

“Shine It All Around”

“Another Tribe”

“The Enchanter”

“Tin Pan Valley”

“Takamba”

“All the King’s Horses”

“Freedom Fries”

Pero Plant también sabía que su historia con Led Zeppelin era parte de su ADN. Así que intercalaba versiones reinventadas de clásicos como:

“Black Dog” – transformada en un blues africano hipnótico, con percusiones del Sahel y guitarras distorsionadas.

“Whole Lotta Love” – reinterpretada con fragmentos de “Who Do You Love” o “Bukka White’s Fixin’ to Die”, conectando el rock con su raíz blues.

“When the Levee Breaks” – lenta, mística, con un groove que parecía salir de las entrañas de la tierra.

También rescató algunas joyas de su carrera en solitario, como “Morning Dew” o “Big Log”, reimaginadas con el sonido atmosférico de The Strange Sensation.

Plant aparecía en escena relajado, sin artificios. Vestía ropa sencilla, a veces descalzo, moviéndose con esa mezcla suya de elegancia y trance.

Su voz, más profunda y expresiva que nunca, no buscaba las alturas imposibles de antaño; prefería el susurro, la cadencia y la emoción pura.

En lugar de ser un recital de “grandes éxitos”, cada concierto era una ceremonia sonora, una travesía por desiertos reales e interiores.

El público, lejos de reclamarle Zeppelin, lo acompañaba en ese viaje. Había respeto, conexión, una sensación de estar viendo a un artista que sigue creciendo.

Aunque no hubo un álbum oficial en vivo de la gira, circulan grabaciones de altísima calidad (como los conciertos de Glastonbury 2005 y Royal Albert Hall 2005) que capturan la fuerza del tour. Algunos temas en directo aparecieron más tarde como bonus o en emisiones de la BBC.

Los fans y críticos coinciden: fue una de las etapas más inspiradas de Plant desde los años 70.

La gira Mighty ReArranger fue, en cierto modo, el final de una etapa y el inicio de otra.

Tras ella, Plant empezó a mirar hacia la música americana, lo que desembocaría en su colaboración con Alison Krauss en Raising Sand (2007).

Pero el espíritu aventurero, libre y mestizo de The Strange Sensation siguió vivo en sus siguientes proyectos, como Band of Joy y Sensational Space Shifters.

En retrospectiva, esta gira no fue una simple promoción de un disco, sino una declaración artística: la prueba de que Robert Plant no necesitaba mirar atrás para seguir siendo relevante.

Aquel chamán del rock había encontrado su nuevo altar: el escenario, la tierra, el ritmo, la vida.


BOOTLEGS DESTACADOS DE LA ERA MIGHTY REARRANGER

Robert Plant - 01-01-2006 - London



Ese concierto de Robert Plant And The Strange Sensation – 1 de enero de 2006 en Londres es uno de esos eventos que generan cierta confusión entre los coleccionistas y seguidores más meticulosos, ya que no fue un concierto público propiamente dicho, sino una actuación especial de Robert Plant & The Strange Sensation, grabada en Londres a finales de 2005 o comienzos de 2006, y posteriormente emitida en 2006 por la BBC.

A menudo aparece fechada como “01-01-2006 London” en archivos de bootlegs o bases de datos de conciertos porque se desconoce la fecha exacta de la grabación, y el “01/01” se usa como marcador genérico de año. Sin embargo, la sesión pertenece al periodo posterior a la gira de “Mighty ReArranger” (2005), cuando Plant y su banda estaban en un momento de plenitud creativa.

Robert Plant And The Strange Sensation - 2006-01-01 - BBC Maida Vale Studios

BBC FM Broadcast


01. Shame On You

02. DJ Intro

03. Another Tribe

04. Interviews

05. Girl Of The North Country

06. DJ

07. Let The Four Winds Blow

08. Interview

09. When The Levee Breaks

COMPARTIR

Robert Plant - Berlin, Germany 2005


Robert Plant & The Strange Sensation – Berlín, Alemania, abril de 2005 es uno de los momentos más interesantes de su etapa Mighty ReArranger. Se trata de una actuación de las primeras de la gira europea de primavera de 2005, realizada justo cuando el álbum Mighty ReArranger acababa de publicarse (abril de ese mismo año). Es un show intenso, místico y experimental, donde Plant y su banda redefinieron qué podía significar ser una “estrella de rock” madura.

Esta grabación incluye seis canciones de Led Zeppelin con diferentes arreglos y cuatro temas del álbum The Mighty Re-Arranger lanzado el mismo año.

Track List:


01 No Quarter

02 Black Dog

03 Freedom Fries

04 Four Sticks

05 That's The Way

06 All The Kings Horses

07 Band Introduction

08 Takamba

09 Tin Pan Valley

10 Babe I'm Gonna Leave You

11 Whole Lotta Love

COMPARTIR

Robert Plant - Scala London 2005 



Robert Plant & The Strange Sensation en la Scala de Londres, el 27 de abril de 2005, es uno de los directos más emblemáticos y perfectos de su etapa Mighty ReArranger.

Se trata de un show grabado y emitido por la BBC (BBC Radio 2 / BBC 6 Music) pocos días antes de la publicación oficial del álbum, por lo que funciona como una presentación pública del nuevo material y una reafirmación de Plant como artista plenamente vigente.

'Scala London 2005' Mighty ReArranger Tour Scala, London, England

Wednesday April 27th, 2005

Recorded date: 2005-04-27

Broadcast date: 2005-05-14

FM (off air) Radio2 Broadcast

Track List:


01. Intro

02. Another Tribe

03. Shine It All Around

04. Black Dog

05. Freedom Fries

06. Tin Pan Alley

07. Gallows Pole

08. Mighty Rearranger

09. The Enchanter

10. Whole Lotta Love

11. Outro

COMPARTIR

Robert Plant - Studio 104, Paris 2005




Robert Plant & The Strange Sensation – Studio 104, Maison de la Radio, París, 2005 es uno de los más refinados, espirituales y mejor grabados de toda la era Mighty ReArranger.

Se trata de una actuación en estudio con público reducido, grabada en abril o mayo de 2005 para la radio pública francesa France Inter (en el espacio “Black Session”), justo cuando el álbum Mighty ReArranger acababa de publicarse.

Fue un concierto gratuito, lo único que necesitabas era ir allí y pedir una invitación durante la semana anterior al espectáculo.


Robert Plant & The Strange Sensation "Studio 104", Maison de la Radio, Paris, France

June 9, 2005

2005 Paris, France (FM)


1. Shine It All Around

2. Black Dog

3. Freedom Fries

4. When the Levee Breaks

5. All the King's Horses

6. Takamba

7. Tin Pan Valley

8. Gallows Pole

9. The Enchanter

10. Whole Lotta Love

11. Another Tribe

12. Morning Dew [cut]

13. Babe I'm Gonna Leave You

14. Mighty ReArranger


Robert Plant (vocals)

John Baggott (keyboards and synthesizer)

Billy Fuller (electric and stand-up bass)

Clive Deamer (bendir and drums)

Justin Adams (bass, bendir, lap steel guitar, mandolin, tehardant)

Skin Tyson (bass, acoustic, electric and lap steel guitars)

COMPARTIR

Robert Plant Nashville 2005


Robert Plant & The Strange Sensation – Ryman Auditorium, Nashville, Tennessee, 29 de junio de 2005 es uno de los momentos más mágicos y trascendentes de toda la gira Mighty ReArranger.

Grabado en un lugar histórico —el Ryman Auditorium, antiguo hogar del Grand Ole Opry y templo de la música estadounidense—, este show captura a Plant en comunión espiritual con el público y con sus raíces.

Se trata de un concierto auténtico, profundo y brillante, donde se fusionan rock, blues, folk y misticismo oriental con una naturalidad asombrosa.


Robert Plant And The Strange Sensation Mighty ReArranger Tour

Ryman Auditorium Nashville, Tennessee, USA Wednesday June 29th, 2005


Soundboard Recording

Track List: 

Disc 1:

101. No Quarter

102. Shine It All Around

103. Black Dog

104. Freedom Fries

105. Darkness Darkness [Jesse Colin Young cover]

106. That's The Way 

107. Tin Pan Valley

108. Heartbreaker

109. Mighty Rearranger

201. Gallows Pole

COMPARTIR


Los bootlegs de la gira Mighty ReArranger son una ventana fascinante al Plant más libre y explorador.

En ellos se escucha cómo el viejo chamán del rock redescubre el poder de la música, mezclando raíces africanas, psicodelia, blues y electrónica con una naturalidad asombrosa.

Si tuvieras que elegir solo uno o dos, los de Scala de Londres y Berlín, son imprescindibles. El primero captura la energía en estado puro; el segundo, la maestría y profundidad del artista.