Amused to Death – Roger Waters (1992)
La locura del sonido
Hay discos que no se escuchan: se atraviesan. Amused to Death es uno de ellos. No entra de golpe ni busca seducir con estribillos inmediatos; se instala despacio, como una conversación incómoda que empieza en voz baja y termina mirándote fijamente a los ojos. Roger Waters no quería hacer un álbum más después de Pink Floyd. Quería dejar constancia de algo que le dolía, que le indignaba y que, en el fondo, le daba miedo: la forma en que la humanidad aprende a mirar la violencia como entretenimiento.
Desde el primer segundo, con el sonido del televisor encendiéndose y apagándose, Waters nos coloca en el centro de su tesis: la guerra, el poder y la tragedia convertidas en espectáculo. El título, Amused to Death (“Divertidos hasta morir”), tomado del ensayo de Neil Postman, no es una metáfora elegante; es una acusación directa. Nos estamos riendo, distrayendo, consumiendo imágenes mientras el mundo se desangra en segundo plano.
Musicalmente, el disco es amplio y cinematográfico. No tiene prisa. Se apoya en guitarras limpias, atmósferas densas y silencios incómodos. Jeff Beck aparece como una especie de narrador emocional alterno: sus solos no presumen virtuosismo, lloran. Son lamentos eléctricos, casi humanos, que dicen lo que Waters no canta. Cada nota parece arrastrar cansancio, rabia y una tristeza vieja.
TEMAS:
The Ballad Of Bill Hubbard 4:19
What God Wants, Part I 6:00
Perfect Sense, Part I 4:16
Perfect Sense, Part II 2:50
The Bravery Of Being Out Of Range 4:43
Late Home Tonight, Part I 4:00
Late Home Tonight, Part II 2:13
Too Much Rope 5:47
What God Wants, Part II 3:41
What God Wants, Part III 4:08
Watching TV 6:07
Three Wishes 6:50
It's A Miracle 8:30
Amused To Death 9:06
“The Ballad of Bill Hubbard” abre el álbum como una herida histórica. La voz de un veterano de la Primera Guerra Mundial habla desde el pasado, y lo hace sin heroísmo. No hay gloria, solo memoria y eco. Desde ahí queda claro que este disco no romantiza la guerra; la expone como una maquinaria absurda que tritura personas y luego las olvida.
En “What God Wants”, Waters adopta el tono del poder cínico: Dios como excusa, la fe como moneda, la moral como arma. La canción es casi irónica, pero no graciosa; es amarga. Waters no grita, acusa con calma, como quien ya se cansó de discutir y simplemente enumera los hechos. Esa frialdad es lo que más incomoda.
“Perfect Sense” funciona como el corazón conceptual del álbum. La caída del mono del espacio no es solo un chiste negro: es la metáfora de la humanidad observándose a sí misma desde fuera y descubriendo que no ha aprendido nada. Aquí Waters se muestra casi paternal, decepcionado, preguntándose en qué momento perdimos la capacidad de distinguir entre progreso y destrucción.
Pero Amused to Death no es solo política y crítica social. Hay momentos profundamente humanos, casi íntimos. “Watching TV”, dedicada a Jean Charles de Menezes y a víctimas anónimas convertidas en noticia pasajera, es devastadora en su sencillez. Waters canta con una fragilidad poco habitual en él. No hay sarcasmo, solo dolor genuino. Es el momento en que el discurso se quiebra y aparece la persona detrás del mensaje.
Hacia el final, con “It’s a Miracle” y la canción que da nombre al álbum, el tono se vuelve casi apocalíptico. No porque Waters anuncie el fin del mundo, sino porque describe algo peor: la indiferencia. No morimos por una explosión, morimos distraídos, anestesiados, entretenidos. La risa como epitafio.
Humanizar Amused to Death es entender que no es un disco hecho desde la superioridad moral, sino desde la frustración. Roger Waters no se coloca fuera del problema; se incluye. Él también mira la televisión, él también consume, él también duda. Por eso el álbum no envejece: porque la pregunta sigue abierta. No es “¿quién tiene la culpa?”, sino “¿en qué momento dejamos de mirar con empatía?”.
Al terminar el disco no queda alivio. Queda silencio. Y en ese silencio aparece la verdadera fuerza de Amused to Death: no intenta darte respuestas, sino incomodarte lo suficiente como para que apagues la pantalla, aunque sea por un momento, y mires alrededor con otros ojos.
Algunas anécdotas del álbum
Una de las más comentadas tiene que ver con el sonido envolvente (QSound) que Waters utilizó en el disco. En 1992 era una tecnología bastante nueva y exigía una mezcla extremadamente precisa. Waters se obsesionó con ello: quería que los sonidos viajaran literalmente alrededor de la cabeza del oyente. Por eso hay perros ladrando “detrás” de ti, televisores que parecen venir desde otro cuarto y voces que te hablan al oído.
La anécdota es que muchos ingenieros pensaban que Waters estaba exagerando y perdiendo tiempo… hasta que se ponían los auriculares. Ahí entendían que el disco no estaba pensado para sonar “bonito”, sino para envolver y perturbar.
Otra historia interesante es la de Jeff Beck. Waters no le dio demasiadas indicaciones técnicas; simplemente le explicó el concepto del álbum y el clima emocional que buscaba. Beck grabó muchos de sus solos casi de forma improvisada. Waters quedó tan impactado que dejó tomas prácticamente crudas, sin pulir, porque sentía que ahí estaba la emoción real. Beck no “brilla”: sufre con la guitarra, y eso era justo lo que Waters quería.
¿Por qué no hubo gira en 1992–1993?
La razón principal fue una mezcla de limitaciones técnicas, desgaste personal y miedo al fracaso.
El álbum era casi imposible de reproducir en directo
Amused to Death depende muchísimo del QSound, de efectos espaciales y de sonidos pregrabados que en 1992 no podían reproducirse con fidelidad en un estadio o teatro. Waters sentía que llevarlo al escenario sin ese impacto sería traicionar el concepto.
Para él, este disco no era solo canciones: era una experiencia auditiva.
Waters estaba agotado emocionalmente
Venía de años muy tensos tras su salida de Pink Floyd, juicios legales, críticas constantes y comparaciones con la banda “sin él”. No estaba en un momento mental estable para exponerse a una gira larga, especialmente con un material tan oscuro y confrontacional.
Temor a la recepción del público
Waters sabía que Amused to Death no era un disco fácil. No tenía “hits” obvios ni momentos festivos. Él mismo admitió después que no estaba seguro de que el público quisiera pasar dos horas enfrentándose a un espejo tan incómodo.
En resumen: no hubo gira porque Waters no quería convertir ese disco en entretenimiento, lo cual es irónico y totalmente coherente con el mensaje del álbum.
Aunque no hubo gira oficial del álbum, las canciones no quedaron olvidadas.
Década de 2000
Waters empezó a rescatar temas como:
What God Wants, Part I
Perfect Sense (Part I & II)
The Bravery of Being Out of Range
Las tocó en giras como In the Flesh (1999–2002), donde el concepto político encajaba perfectamente.
Resumen de canciones de Amused to Death que sí se han tocado en directo
Canción Tocado en gira In the Flesh Existe registro oficial
What God Wants, Part I ✔️ Sí (DVD/Audio)
Perfect Sense (I & II) ✔️ Sí (DVD/Audio)
The Bravery of Being Out of Range ✔️ Sí (DVD/Audio)
It’s a Miracle ✔️ Sí (DVD/Audio)
Amused to Death ✔️ Sí (DVD/Audio)
BOOTLEG
Grabado en Sevilla (Spain) 1991, Lisboa (Portugal) 2006, Portland 1999 (EEUU)
Amused to Death "LIVE"
01. What God Wants - part 1
02. Perfect Sense, Pt. 1
03. Perfect Sense, Pt. 2
04. The Bravery of Being Out of
05. It’s a Miracle
06. Amused to Death




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