"Is There Anybody Out There?" no es solo otro blog de música; es una expedición arqueológica sonora que desentierra tesoros musicales sepultados por el tiempo y el olvido. Con la pasión de un detective y el corazón de un poeta, el señor X se sumerge en las profundidades de álbumes que, aunque fundamentales, han sido injustamente relegados a las sombras de la historia musical prometiendo sacudir el polvo de esos vinilos olvidados. Cada entrada es una odisea que nos lleva de vuelta al momento en que estos discos vieron la luz, desentrañando las circunstancias que los vieron nacer y el eco que dejaron en el mundo. El blog no se conforma con reseñas superficiales. Aquí, la música se disecciona con el cuidado de un cirujano y se analiza con la minuciosidad de un científico. Pero no te equivoques, no es un ejercicio frío y académico. El señor X inyecta en cada palabra la pasión de un fan y la narrativa cautivadora de un contador de historias. "Is There Anybody Out There?" es más que un nombre; es un grito de guerra, un llamado a todos los amantes de la música a unirse en esta cruzada por redescubrir las joyas perdidas del panorama musical. Es una invitación a abrir los oídos y la mente, a sumergirse en sonidos que quizás pasamos por alto la primera vez, pero que merecen una segunda, tercera y enésima escucha. En un mundo saturado de listas de reproducción algorítmicas y éxitos prefabricados, este blog se erige como un faro para aquellos que buscan algo más profundo, más auténtico. Es un recordatorio de que detrás de cada disco hay una historia esperando ser contada, una pieza del rompecabezas cultural que merece ser encajada. Así que, si alguna vez te has preguntado si hay alguien más ahí fuera que aprecia la música como tú, que busca significado en cada nota y poesía en cada acorde, la respuesta es un rotundo sí. Y ese alguien te está esperando en "Is There Anybody Out There?", listo para embarcarse contigo en un viaje musical que promete ser tan emocionante como revelador.

domingo, 15 de marzo de 2026

ESPECIAL 15 DE MARZO 2026 "El Último De La Fila – Enemigos De Lo Ajeno 1986"

Hay discos que se escuchan. Y hay discos que se viven.

Enemigos de lo Ajeno, de El Último de la Fila, pertenece sin duda a la segunda categoría.

Cuando uno vuelve a Enemigos de lo Ajeno siente algo raro, como si se encontrara una vieja libreta en el cajón de la cocina. No es nostalgia vacía: es memoria viva. Ese disco de El Último de la Fila no nació con la intención de ser clásico; nació de la necesidad. De dos tipos —Manolo García y Quimi Portet— que venían de tocar donde podían, de proyectos que no funcionaron, de noches de carretera en las que uno empieza a preguntarse si merece la pena seguir.

No eran estrellas ni querían serlo. Venían de Los Burros, que no terminó de despegar, y en una España que todavía estaba aprendiendo a mirarse al espejo sin miedo, ellos parecían fuera de lugar. No eran modernos como los de Radio Futura ni teatrales como Alaska y Dinarama. Tampoco eran rock urbano. Eran otra cosa. Gente que escribía canciones como quien escribe cartas que nunca se atreve a enviar.

Muchas letras de ese disco nacieron en servilletas, en cuadernos pequeños, en estaciones de tren. Manolo tenía la costumbre de apuntar frases sueltas que le venían de golpe: recuerdos de infancia, sueños absurdos, frases oídas en un bar. Luego Quimi las miraba con su ironía tranquila, y entre los dos las convertían en canciones que parecían raras pero que, cuando las escuchabas bien, hablaban exactamente de tu vida.

1 Lejos De Las Leyes De Los Hombres

2 Insurreccion

3 Mi Patria En Mis Zapatos

4 Aviones Plateados

5 Zorro Veloz

6 Las Palabras Son Cansancio

7 Soy Un Accidente

8 Los Angeles No Tienen Helices

9 No Me Acostumbro

10 ¿Para Que Sirve Una Hormiga?

11 ¿Quién Eres Tú?

La primera vez que suena Insurrección no parece un himno. Parece una confesión. La discográfica dudó de ella; no sonaba comercial, no tenía estribillo fácil. Pero empezó a pasar algo precioso: la gente la pedía en conciertos pequeños, en salas medio vacías donde apenas había humo y un par de cervezas. La canción creció sola, como crecen las cosas verdaderas.

Con Aviones Plateados ocurrió algo parecido. Nadie sabía explicar por qué emocionaba tanto. Quizá porque hablaba de sueños que pasan por encima de nosotros sin detenerse, como esos momentos de la vida que no supimos vivir bien. O porque Manolo cantaba como quien recuerda a alguien que ya no está.

Quimi, por su parte, buscaba un sonido imperfecto. Repetía guitarras una y otra vez hasta que sonaran humanas, torcidas, casi frágiles. No quería un disco brillante; quería un disco que pareciera tocado en una habitación con las ventanas abiertas. Y eso hizo que el álbum envejeciera de una forma preciosa. Hoy no suena antiguo: suena sincero.

Al principio no hubo éxito inmediato. Tocaban en sitios pequeños, a veces con más sillas que público. Pero quienes iban se llevaban algo dentro. La música corría de boca en boca, como los secretos importantes. Poco a poco, aquel disco se convirtió en refugio para mucha gente que no encontraba su sitio.


Y ahí está su impacto real. No solo influyó en bandas posteriores como Extremoduro, Marea o Fito & Fitipaldis, que heredaron esa mezcla de poesía cotidiana y rock con alma. También cambió la forma de escribir canciones en español. Demostró que se podía hablar de fragilidad, de miedo, de amor torpe, sin perder dignidad ni fuerza. Que el rock podía ser íntimo.

Años después, alguien se acercó a Manolo García tras un concierto y le dijo algo sencillo: “Vuestras canciones me hicieron sentir menos solo”. Esa frase resume todo. Porque Enemigos de lo Ajeno no fue solo un disco importante; fue compañía. Fue una conversación nocturna entre desconocidos que, sin saberlo, compartían la misma tristeza y la misma esperanza.

Y por eso, cuando hoy vuelve a sonar, uno siente que esas canciones no hablan del pasado. Hablan de nosotros. De la gente que ama mal, que sueña demasiado, que sigue adelante aunque no tenga claro el camino. Como ellos dos cuando lo grabaron, sin saber que estaban construyendo un lugar al que muchos volveríamos para sentirnos un poco más humanos.


GIRA

Cuando Enemigos de lo Ajeno empezó a circular por las tiendas, la historia de la gira de El Último de la Fila no comenzó con grandes titulares ni con pabellones llenos. Empezó de una manera mucho más sencilla: furgonetas, carreteras largas y salas pequeñas donde el escenario apenas se levantaba unos centímetros del suelo.

Manolo García y Quimi Portet subían al escenario con una mezcla curiosa de ilusión y desconfianza. No sabían muy bien qué iba a pasar con aquellas canciones. El disco estaba gustando, sí, pero todavía no era el fenómeno que terminaría siendo. Así que tocaban como si cada concierto fuera una oportunidad que había que defender desde la primera nota.

Los primeros shows tenían algo muy especial. El público estaba cerca, tan cerca que se podían ver las caras perfectamente. No había distancia entre el escenario y la gente. Manolo cantaba con esa intensidad suya, a veces casi como si estuviera contando un secreto, y Quimi sostenía todo con la guitarra, tranquilo, observando. Entre canción y canción aparecían comentarios improvisados, bromas, frases medio poéticas que salían sin pensarlo demasiado.

Poco a poco empezó a suceder algo curioso. Algunas canciones comenzaron a pertenecer también al público. Cuando sonaban los primeros acordes de Insurrección, la gente reaccionaba de inmediato. Al principio eran unos pocos los que cantaban, luego eran muchos más, y en algunos conciertos ya parecía que toda la sala conocía la letra. Nadie había planeado que esa canción se convirtiera en un himno; simplemente fue pasando, noche tras noche.

Con Aviones Plateados el ambiente era distinto. El ruido bajaba, el público escuchaba con una atención casi extraña para un concierto de rock. Había momentos en los que parecía que la sala entera contenía la respiración. Cuando terminaba, el aplauso no era solo entusiasmo: era también una especie de agradecimiento silencioso.

La gira fue creciendo sin hacer demasiado ruido. Primero salas algo más grandes, luego teatros, después recintos donde ya empezaba a reunirse mucha más gente. Pero lo curioso es que el espíritu no cambió demasiado. No aparecieron grandes decorados ni espectáculos exagerados. La sensación seguía siendo la misma: un grupo tocando canciones que parecían escritas para la gente que estaba allí.

Las noches de carretera también formaban parte de la historia. Kilómetros entre ciudad y ciudad, conversaciones largas, cansancio, risas, y esa sensación de estar viviendo algo que todavía no se entendía del todo. Nadie hablaba de “éxito histórico”. Solo sabían que cada concierto era mejor que el anterior y que las canciones estaban llegando a la gente de una forma muy profunda.

Con el paso de los meses quedó claro que algo importante estaba ocurriendo. El grupo que había empezado tocando para unos cuantos curiosos se estaba convirtiendo en una referencia para toda una generación. Pero lo más bonito es que ese crecimiento no fue repentino ni artificial. Fue lento, natural, construido concierto a concierto.

Y quizá por eso quienes vivieron aquella gira la recuerdan con tanto cariño. Porque no fue simplemente una serie de actuaciones para promocionar un disco. Fue el momento en que unas canciones comenzaron a formar parte de la vida de mucha gente. No solo se escuchaban en casa o en la radio: se cantaban juntos, en la oscuridad de una sala, sintiendo que hablaban de algo muy propio.

Al final, la gira de Enemigos de lo Ajeno terminó siendo mucho más que una etapa de conciertos. Fue el instante en que un grupo encontró a su público… y el público encontró unas canciones que ya no iba a olvidar.

BOOTLEG

El Último De La Fila - En Directo, Studio 54, 05-06-86


El 5 de junio de 1986, en la sala Studio 54 de Barcelona, ocurrió uno de esos conciertos que con el tiempo terminan teniendo un aura especial. Aquella noche El Último de la Fila estaba todavía en ese punto delicado entre promesa y realidad. El disco Enemigos de lo Ajeno acababa de salir y las canciones empezaban a caminar solas, pero nadie imaginaba aún hasta dónde llegarían.

La sala no era enorme, pero tenía ese ambiente eléctrico que solo tienen los lugares donde el público está cerca del escenario. El humo, las luces algo crudas, el murmullo antes de empezar… y de repente aparecen Manolo García y Quimi Portet con la banda. No hay grandes ceremonias. Simplemente empiezan a tocar.

Desde los primeros minutos se nota algo muy particular en el ambiente. El grupo todavía no es una institución del rock español, pero las canciones ya están haciendo efecto. Manolo canta con esa intensidad casi nerviosa que tenía en aquellos años: se mueve mucho, gesticula, parece vivir cada frase como si la estuviera inventando en ese mismo instante. No es una voz perfecta, pero tiene algo que atrapa. Algo que hace que el público le crea.

Quimi, en cambio, es todo lo contrario. Más quieto, más irónico, sosteniendo las canciones desde la guitarra con una calma que equilibra la energía de Manolo. Esa combinación era una de las claves del grupo: uno parecía fuego y el otro madera que lo mantiene ardiendo.

Cuando llega Insurrección, la sala cambia. No es todavía el himno masivo que sería después, pero ya se percibe que la canción tiene algo especial. Parte del público canta, otros escuchan con atención, y al terminar se produce ese aplauso largo que aparece cuando la gente sabe que ha pasado algo importante.

También hay momentos más íntimos. Con Aviones Plateados el ambiente se vuelve casi contemplativo. Las guitarras suenan más abiertas, la voz de Manolo parece quebrarse un poco en algunos versos y la sala se queda en silencio. Es uno de esos instantes en los que un concierto deja de ser simplemente música en directo y se convierte en una emoción compartida.

El sonido del directo tiene algo crudo, casi imperfecto, pero precisamente ahí está su encanto. No hay grandes producciones ni arreglos exagerados. Las canciones respiran. Se escuchan las guitarras con claridad, el pulso de la banda, el público reaccionando muy cerca. Es el retrato de un grupo en pleno crecimiento.

Lo que hace especial aquel concierto en Studio 54 no es solo la música. Es el momento histórico. El grupo todavía no es enorme, pero ya se siente que algo está empezando a moverse alrededor de ellos. Hay una energía de descubrimiento, como si tanto la banda como el público estuvieran entendiendo poco a poco que esas canciones iban a quedarse mucho tiempo.

Escuchar hoy ese directo es casi como abrir una ventana al instante exacto en que todo empezaba. No es el sonido de una banda consagrada; es el sonido de una banda encontrándose a sí misma frente a la gente.

Y por eso tiene tanto valor. Porque en ese escenario pequeño, una noche cualquiera de 1986, se puede escuchar el momento en que aquellas canciones dejaron de ser solo un disco… y empezaron a convertirse en parte de la historia del rock español.

La grabación del concierto de El Último de la Fila en la sala Studio 54 de Barcelona el 5 de junio de 1986 terminó editándose en una cassette muy limitada titulada En Directo Studio 54. Esa cinta la ofrecía la revista musical Ruta 66. No venía gratis dentro de la revista, pero se podía pedir a través de ella por correo (contra reembolso) por unas 550 pesetas, algo muy típico en los 80.

Además, la edición fue muy pequeña: solo unas 500 copias. Por eso hoy es casi una pieza de coleccionista entre seguidores del grupo.

La cinta tenía otra particularidad que la hace aún más interesante: no era una grabación retocada en estudio. Se grabó directamente desde la mesa de mezclas del concierto en una pletina Tascam por el técnico Toni Puig, y el grupo decidió dejarla prácticamente tal cual, con el sonido crudo del directo.

Eso hace que al escucharla se note mucho la atmósfera de aquella noche:

la voz de Manolo García muy presente, los teclados y la percusión claros, y las guitarras algo más atrás, exactamente como sonaron en la sala.

La cinta tampoco incluía el concierto completo, aunque el repertorio era largo y bastante representativo de la etapa inicial del grupo: canciones como Aviones Plateados, Querida Milagros o Insurrección ya estaban ahí, en un momento en que el disco Enemigos de lo Ajeno apenas llevaba unas semanas circulando.

Muchos fans que la consiguieron entonces la recuerdan con cariño porque era como tener un recuerdo directo de aquel momento del grupo, cuando todavía estaban creciendo y tocaban con una intensidad muy especial. No era un producto comercial al uso: era más bien un documento de una noche concreta.

Y por eso hoy tiene ese aura casi mítica. No solo captura un concierto muy celebrado de la banda, sino también una época en la que descubrir música a veces significaba leer una revista, rellenar un cupón y esperar al cartero con una cinta de cassette.

Formato digital de la cassette "El Último de la Fila en Directo, studio 54 Barcelona 5 junio 1986". Grabación en cinta de la presentación en aquella sala del LP Enemigos de lo Ajeno, y que frecía la revista Ruta 66 por 550 pts a contra reembolso.

Grabado directamete de la mesa de mezclas DDA a Platina cassette Tascam, por Toni Puig.

De esta cinta original, solo existen 500 ejemplares (número muy usado por el grupo en sus ediciones limitadas). El concierto, a pesar de tener una calidad excelente, está incompleto.

Remasterizado por el SR.X

01. Grite

02. Portugal

03. Son cuatro dias

04. Ruta del sur

05. Mi novia se llamaba Ramon

06. No me acostumbro

07. Aviones plateados

08. A cualquiera puede sucederle

09. ¿Para que sirve una hormiga?

10. El loco de la calles

11. Las palabras son cansancio

12. Mi patria en mis zapatos

13. Lejos de las leyes de los hombres

14. Presentaciones

15. Los Angeles no tienen helices

16. Querida Milagros

17. Insurreccion

18. Huesos

19. Dulces sueños

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